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miércoles, 18 de mayo de 2011

Jesse Owens (James Cleveland)

Retomamos las publicaciones tras los problemas sufridos con la plataforma blogger y tras un puente festivo en Galicia por la celebración del día de las letras gallegas (aunque un servidor sí trabajó el Lunes), lo hacemos recordando a uno de los atletas más grandes de siempre, por su poderío dentro de la pista y por lo que significó fuera de ella, hoy llega a La Mazeta Deportiva Jesse Owens.


James Cleveland "Jesse" Owens nació en Oakville (Alabama) en 1913.

Fue el séptimo de los once hijos que tuvieron Emma y Henry Owens, un granjero hijo de esclavos. De niño trabajó en una plantación de algodón al igual que sus hermanos, hasta que las máquinas algodoneras sustituyeron la mano de obra.

Con ocho años se muda con su familia a Cleveland (Ohio) y en su primer día de escuela la profesora le preguntó el nombre, a lo que respondió “J.C. Owens”, pero debido al acento de Alabama la profesora entendió “Jesse Owens“. A partir de ese momento todos le conocerían como Jesse.

Jesse compaginó sus estudios primarios con varios trabajos: vendedor de periódicos, empleado de una gasolinera, ayudante de zapatero, ascensorista y chico de los recados. Los únicos que podía conseguir un chico negro.



Con 15 años de edad, hizo una visita a su colegio el campeón olímpico de 100 metros en Amberes 20, Charles Paddock. Se programaron carreras de 100 m. para todos los alumnos. El entrenador Charles Riley se sorprendió del talento innato de Jesse y le ofreció unirse al equipo de atletismo. Como Owens trabajaba después de la escuela, Riley se ofreció para entrenarlo personalmente antes de las clases. Owens empezó a destacar a nivel nacional en 1933 cuando bate el récord mundial de salto de longitud para estudiantes de instituto, con una marca de 7.55 metros e iguala el récord mundial en 100 yardas (91 metros) con una marca de 10.4 segundos.

Muchas universidades quieren hacerse con él, Owens escoge la Universidad Estatal de Ohio y sólo después de que le prometieran trabajo a él y a su padre.

El 25 de mayo de 1935, en Ann Harbor, Michigan, se disputó una competición reservada a los atletas de las 10 universidades más importantes del medio oeste estadounidense. Ese día, Jesse estaba lastimado en la espalda y su entrenador le recomendó que no compitiera. Jesse sabía que era una gran oportunidad y compitió. En apenas 45 minutos estableció cuatro récords mundiales:
  • Salto de longitud: 8.13 metros (récord que ha durado 25 años).
  • 220 yardas: 20.3 segundos.
  • 220 yardas vallas: 22.6 segundos.
  • 100 yardas lisos: 9.4 segundos.
Hay que aclarar que esas distancias no solían correrse en muchas zonas del mundo, ya que se solían correr los 100 metros, 200 metros, etc. De todos modos, este hecho es considerado una de las proezas más grandes del atletismo de todos los tiempos, sobre todo por el poco tiempo de descanso entre las pruebas. A partir de aquel día se le conoció como “El Antílope de Ébano”.

A pesar de sus logros y el reconocimiento internacional, sigue sufriendo la segregación racial existente en los EEUU y en los viajes con el equipo de la Universidad se ve obligado a comer en restaurantes para negros y a utilizar las puertas de servicio y escaleras de emergencia para acceder a los hoteles.

En 1936, Owens viaja a Berlín, Alemania, para participar con el equipo de EE.UU. en los Juegos Olimpicos . Adolf Hitler estaba utilizando estos juegos para intentar mostrar al mundo el poderío de la Alemania nazi. .
Al llegar Owens se encontró en Alemania una situación institucional muy parecida a la que había dejado atrás. Todos contra su raza. En Berlín denominaban a los afromericanos: “auxiliares negros del equipo estadounidense”. Por su color no era respetado en su país, Estados Unidos, y menos aún en la Alemania nazi.

El 3 de agosto de 1936, en un estadio abarrotado con 110.000 espectadores, en la final de 100 metros lisos  iguala el récord olímpico derrotando a Ralph Metcalfe, también de raza negra.

El 4 de agosto, en la prueba de salto de longitud, Jesse Owens y Lutz Long protagonizaron una de los enfrentamientos más emocionantes y bellos del deporte. Owens ostentaba el récord mundial con 8.13 metros, aunque partía como favorito el héroe local, Lutz Long, un atleta prototipo del nazismo y el mimado del régimen. El enfrentamiento se había vendido como mucho más que una competición deportiva, la propaganda había surtido efecto y el ambiente en el estadio era infernal. Para acceder a la final era necesario saltar 7.15 metros, en tres intentos. En sus dos primeros saltos Owens hizo dos nulos. Nervioso, abucheado por los espectadores, se disponía a efectuar el último salto. No llegar siquiera a la final sería un fracaso.

En ese momento Lutz Long se acercó a Owens y le dijo “Puedes pasar la calificación con los ojos cerrados. Sólo retrasa algo tu salto para no hacer nulo”. Owens no había tenido un entrenamiento específico en longitud e hizo a caso a Long, saltó exactamente 7.15 metros.

Poco despúes comenzó la final, y Lutz Long comenzaría saltando. En su primer intento marcaría 7.54 metros. Todo el estadio, y en especial el palco de autoridades soñaban con un nulo de Owens. El mazazo fue tremendo. 7.75 metros. En el segundo salto Lutz apuró hasta el límite… y llegó hasta los 7.75 metros que acababa de hacer Owens. Lutz Long se dirigió hacia la tribuna de honor y con su brazo derecho en alto saludó a el führer. En este momento el alemán llevaba el liderato de la competición, ya que de permanecer el empate, él poseía el segundo mejor salto del evento. El turno de Owens, que tiene de nuevo toda la presión en contra, pero esta vez en vez de los abucheos es el silencio el que reina. ¿La tensión podía con los alemanes? ¿podía un espectáculo deportivo como aquel diluir el efecto de la propaganda nazi?. Jesse Owens saltó, se mantuvo en el aire, y cayó 7.87 metros más adelante.

 
Pero todavía debía saltar una vez más Lutz. De nuevo un silencio total. Comenzó la carrera convencido de que debía apurar al máximo para superar a Owens, pero Lutz pisó la línea. Hizo nulo. A Owens le queda un último salto y vuela hasta los 8.06 metros. El estadio de Gunterstalt se quedó mudo. Pocos segundos después estalló un sonoro aplauso. Lutz Long felicitó calurosamente a Owens y le acompañó en la vuelta al estadio.

Históricamente se cuenta que cuando Jesse Owens pasó frente al palco de Adolf Hitler, el führer ni siquiera hizo un gesto para saludarlo. Sin embargo en su biografía el atleta comentó “Cuando pasé, el Canciller se levantó, me saludó con la mano y yo le devolví la señal”.

El 5 de agosto en 200 metros lisos Owens venció con un récord olímpico de 20.7 segundos. El 9 de agosto, junto al equipo de relevos 4×100 metros consigue su cuarta medalla de oro, superando también el récord mundial junto a Ralph Metcalfe, Foy Draper y Frabp Wykoff, dejándolo en 39.8 segundos. Jesse Owens, ganó cuatro medallas de oro en unos JJOO. Nadie había logrado nunca algo similar.

Por países, Alemania arrasó en el medallero de esos Juegos Olímpicos, pero a día de hoy es algo que casi nadie recuerda. En la memoria colectiva ha quedado la proeza de Jesse Owens.

El entonces presidente de los Estados Unidos de América, Franklin Delano Roosevelt, jamás telefonéo ni recibió a Owens ni a ningún otro medallista negro. Después de un parada de la bolsa de Nueva York en su honor, Owens vuelve a su trabajo de botones en el hotel Waldorf-Astoria. Más tarde contaría: “Cuando volví a mi país natal, después de todas las historias sobre Hitler, no pude viajar en la parte delantera del autobús. Volví a la puerta de atrás. No podía vivir donde quería. No fui invitado a estrechar la mano de Hitler, pero tampoco fui invitado a la Casa Blanca a dar la mano al Presidente.”

Durante muchos años conservó la amistad con el alemán Luzt Long. Años después, éste murió en Stalingrado sirviendo al III Reich. Owens, se encargó de pagar los estudios a su hijo.

Por no participar con el equipo estadounidense en Suecia, fue descalificado a perpetuidad, por lo que se pasó al campo profesional, convirtiéndose en un hombre espectáculo. Competía contra caballos, motocicletas, jugadores de béisbol (a quienes daba 10 yardas de ventaja antes de batirlos) y hacía exhibiciones en la previa de los partidos de Ligas deportivas.

Fundó una institución para niños de raza negra, viajó por Europa con los baloncestistas de los Harlem Globe Trotters, representó a una empresa fabricante de tartanes (los pavimentos de los que están hechos los estadio de atletismo) y pasó una larga temporada como pinchadiscos de música jazz. Posteriormente se dedicó a la dirección de espectáculos, para finalmente ser encargado de relaciones públicas del deporte de su país.
Fue premiado con la Medalla Presidencial de la Libertad de los EE.UU. en 1976 por Gerald Ford.

Siendo vendedor de sellos y monedas olímpicas, Jesse Owens, murió en Arizona el 31 de marzo de 1980 a los 66 años de edad, víctima de cáncer de pulmón.

En 1984, las autoridades de Berlín dieron el nombre de Jesse Owens a la antigua avenida de la Victoria, que está junto al Estadio Olímpico. A título póstumo, recibió la Medalla de Oro del Congreso el 28 de marzo de 1990, la mayor distinción que puede recibir un civil norteamericano.

Esta es la emocionante historia de uno de los deportistas más grandes de todos los tiempo, capaz, por sí sólo, de poner patas arriba toda una teoría sobre la superioridad de la raza aria, un hombre capaz de un reto de dimensiones desproporcionadas, pero que al mismo tiempo, ni siquiera en su propia casa fueron capaces de rendirle el homenaje que se merecía.

Preguntas: ¿Qué habría sido del pobre Jesse de haber nacido blanco? ¿pensais que hoy en día vamos avanzando poco a poco hacia la normalidad racial en el deporte o podríamos hacerlo a una velocidad mayor?

Como siempre digo, espero os haya gustado y se agradecen (y mucho) los comentarios, si conoceis algún detalle más sobre la temática del artículo podeis comentarlo, un saludo a todos.

4 comentarios:

  1. Y tanto que es una emocionante historia, le llegaron tarde los reconocimientos. Estamos avanzando?¿ En mi opinión muy despacio. Muchas gracias Juan

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  2. Gran entrada, enhorabuena.
    Me ruboriza no haber conocido la historia de J.C. Owens hasta ahora. ¡qué grande Luzt! Creo que su actitud en esta historia refleja los principios que debería seguir el deporte.
    En el caso del deporte de competición al máximo nivel lo importante es ganar, no nos equivoquemos. Pero no a cualquier precio ni de cualquier manera. Ganar compitiendo en igualdad de condiciones, ganar porque te has preparado mejor. Y ganar a los mejores.
    Para Luzt probablemente lo importante era también ganar. Ganar en la pista, no fuera. Y ganar compitiendo contra los mejores hasta el final. Después demostró algo también muy importante: saber perder.

    Respecto a qué hubiese pasado si no fuese negro, mi opinión es que, probablemente no hubiese destacado tanto. Para llegar a ese nivel hace falta un gran espíritu de superación que tal vez no hubiese adquirido en otro contexto social.

    Y mi pregunta es ¿por qué no participó en Suecia?

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  3. Dios, Juan es el MEJOR artículo que he leído en mucho tiempo, ME HA ENCANTADO, GRACIAS, GRACIAS Y MÁS GRACIAS....no hay una peli sobre este hombre??? de verdad que me encanta LA MAZETA ¿tu crees que el mentiría en su biografía respecto a Hitler?
    A tu pregunta. desde luego que sí que blanco hubiese triunfado
    MIL GRACIAS

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  4. Arsene Iglesias Wenger22 de mayo de 2011, 3:14

    Toma ostión de realidad a las teorías racistas del nacionalsocialismo!

    La verdad es que Estrella tiene mucha razón, es un gran artículo. Lo que me choca es el trato de amistad entre un nazi y un negro, lo digo por la ideología de Luzt, aunque quizás no fuese tan cercano a esa idología, sin embargo murió luchando contra la Unión Soviética por el imperialismo alemán... paradójico...

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